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Obed González

THE CRAZY WORLD DE ARTHUR BROWN

“El Mundo Loco” de Arthur Brown es un long play o larga duración de experimentación; con una agudeza sorprendente por parte de su autor, quien maneja de una forma lúdica y trágica el contenido del disco, como un drama escrito en un acetato.

En el experimento que Arthur Brown realiza, utiliza ingredientes dramáticos existentes en el teatro del absurdo que usara Bertolt Bretch en los años cuarenta y hasta algunos recursos musicales empleados por Kurt Weill. Ejemplo de ello la canción “Fanfare-Fire Poema” en la cual utiliza la voz como instrumento emocional de interpretación.

La genialidad de Brown se manifiesta a través de todos los surcos del disco, también en el diseño del álbum, desde la portada con una cara enlentada con diferentes colores que dan diferentes visiones estéticas, hasta la contraportada; negativo de un retrato del mismo Arthur.

El acetato consta de ocho canciones escritas en la contraportada; que realmente son once; pero que Brown en el papel del centro del disco numera diez. Esto lo hace con la intención de confundir al público y darle de entrada la noción de locura.

El artista sinestésico dirige una rapsodia absurda con contrastes bien pensados y elaborados para hacer de su opera prima un conjunto de acciones y universos sonoros que introduce a los otros a una historia épica con toques de cuento de hadas, donde hay dioses, héroes, bellas enclaustradas en poemas, bestias y estructuras góticas. Las fanfarreas con trompetas a las que recurre y la voz de Brown recitando un poema y de fondo unos acordes con órgano crean una atmósfera medieval que envidiaría la propia Joana K. Rowling pensándola como fondo para algunas de las secuelas de Harry Potter llevadas al cine.

El disco está grabado por TRACK RECORD en Inglaterra. Comienza con “Prelude-Nightmare” que en español sería Preludio-Pesadilla. Con este inicio, Brown nos está introduciendo a su mundo loco, nos da el contexto por el cual vamos a navegar. Inventa un mundo espontáneo como lo denota en la canción “Spontaneos Apple creation” que es una teoría que se expandió a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX. Athur Brown retoma la idea, convierte el disco en un mundo espontáneo, repleto de sonidos y ambientes casi visuales por medio de la sinestesia. Entran las imágenes a través de los oídos.

“Fire” es el tema más conocido y escuchado del acetato. Inicia con la presentación del dios del fuego, que dentro de la obra es un protagonista en potencia y ese dios es el mismo Arthur Brown, quien al comenzar la canción se presenta y grita: “I im god of fire”-“Soy el dios de fuego”- como señal de su poder en su mundo creado.

Los recursos que forja con sonidos, son elementos arquetípicos como el mismo fuego; ráfagas de viento, gotas de agua al reventar en el suelo y si somos muy perceptivos nos daremos cuenta que nos lleva al cuarto elemento según la creencia oriental: el vacío. Al terminar de vivir el álbum, al llegar a la última nota, percibiremos que nos cuesta trabajo adaptarnos inmediatamente al mundo real.

Experimenta con las filosofías orientales practicadas durante la década de los sesenta. Los mismos Beatles experimentaron con instrumentos asiáticos como la cítara en la canción “Noriegan Wood” y hasta fueron amigos del maharishi Mahesh yogi. George Harrison fue un ferviente creyente de Krishna hasta su muerte, en “My sweet lord” los coros son a Krishna, si tomamos atención escucharemos en los fondos “Are Krisnha”.

Hay una balada muy sugestiva llamada “Rest cure” que es un verdadero deleite escuchar. Para mi punto de vista, Leonard Cohen retomó de esta canción algunos conceptos para sus creaciones musicales, tal vez esté equivocado en mi apreciación; pero si tienen el agrado de escucharla puede que les llegue alguna reminiscencia.

También realiza algunas recreaciones de temas reconocidos por otros autores como: “Money” de James Brown, la cual Arthur acelera y convierte en algo frenético que hace salpicar sudor al oírla. Y “I put a espell on you” de Jay Hawkins que “Creedence Clearwater Revival” haría famosa; pero que en la versión Brown es un deleite sereno de navegación por otros universos. Este tema tal vez sea el contexto de la obra discográfica de Arthur Brown, es el sentido de la narrativa dramática, de cuentos de hadas y de hechizo que existe en ese mundo al que nos trata de introducir el artista.

Los treinta y cinco minutos que dura el disco son de magia completa, establecida con toda intención por Arthur Brown.

*The Crazy Wolrd of Arthur Brown. TRACK RECORD in the USA by arregement whit Polydor, LTD, Ingland. 1968.


Ramón Peralta

Desdoblamiento y dolor en Lobo Antunes


A manera de autobiografía Antonio Lobo Antunes (Lisboa 1942) presenta en su segundo libro En el culo del mundo[1] un extenso diálogo en el que predomina la voz de un médico que participó en la guerra con Angola. Situación que cambió su percepción sobre la violencia que puede generar el hombre. La novela transita en una Lisboa que continuamente modifica su espacio en aras de la modernidad, y escenas de combate que vivió el autor, mientras su esposa se encontraba en embarazo.

Tal vez la guerra haya ayudado a hacer de mí lo que soy ahora y que íntimamente rechazo: un solterón melancólico a quien nadie llama por teléfono y cuya llamada nadie espera, tosiendo de vez en cuando para imaginarse acompañado, y a quien la asistenta acabará encontrando en la mecedora en camiseta, con la boca abierta, rozando con los dedos morados el pelo color de noviembre de la alfombra.

En el personaje de Antunes el dolor moviliza reacciones, ha dejado de ser una señal de alarma que señale el peligro, y se ha convertido en una alarma constante con un sonido envolvente. Al grado de anular las acciones del tiempo presente, tornando cualquier escena en un vaivén entre una acción cotidiana y el pasado. Incluso, empalmando traumas e imágenes generadas desde la infancia, hasta mostrar a un adulto que desea comprender su vida, sin que logre salir de ella por medio del recuerdo. Antunes muestra un desenvolvimiento continuo de imágenes que originan el estado de ánimo del personaje, como la justificación de su comportamiento ante los seres que le rodean, en medio de un universo contraído que se llama Lisboa. Lo anterior resalta en la estructura por la reiteración del yo, y la utilización de la narración en primera persona que implementa el autor a lo largo de toda la novela.

El personaje del cual no se enuncia su nombre, ostenta una clase de dolor que no ha trascendido la esfera corporal, pero modifica su vida diaria, la personalidad y el destino del doliente. El resultado no sólo produce un tamiz de tristeza y reacciones de defensa llenas de acidez y humor negro, tanto a las instituciones como a los miembros de su familia. Así mismo muestra un alto grado de apatía y resignación al formar parte de una sociedad que, pese a todas sus carencias y defectos lo alberga. En el estilo peculiaridad de la novela, la metáfora es un recurso frecuente para no decir en términos de los significados literales y verlos en términos de otra cosa. Lo cual propicia por momentos a una prosa altamente poética.

Usted y yo, gracias a Dios, no corremos ese riesgo, somos como dos yudocas que se temen lo suficiente para no herirse, e inventan, como mucho, falsos golpes inofensivos que se detienen a mitad del trayecto, a la manera de tentáculos de repente inertes que desisten: si yo le dijese que la quiero, usted me respondería, en el tono más serio de este mundo, que desde los 18 años no sentía por un hombre un entusiasmo así… y acabaríamos riéndonos dentro de los vasos respectivos, de la inocua inocencia de nuestras mentiras.

El peso del dolor aplasta su iniciativa por un empleo fijo; la idea de mantener una relación de pareja más allá del sexo rápido, una compañía femenina en el bar y llamadas cada vez más fugaces, no importando de quien se trate. La obra de Antunes descubre la profundidad de las fosas y las grutas insondables de su personaje; repliega al hombre sobre sí mismo y refleja al individuo ensimismado. Cuando desvía por momentos la atención hacia el prójimo, resulta inútil, ya que vuelve a caer sobre sí mismo. Esto, aunado al resto de su comportamiento, provoca un pertinaz egocentrismo, que no lo aleja del olvido en el que parece sumido. Donde la única solución es cortar el pasado e iniciar un giro en su vida.

El personaje reacciona antes los recuerdos de la guerra y ante una serie de situaciones que le moldean como ciudadano de Lisboa. En este sentido se defiende constantemente y no se deja dominar por lo cotidiano. Así, adapta un sistema de autoconversación que por un lado lo sume en su visión del mundo, y por el otro, lo utiliza para su mayor arma: el silencio. Así, adquiriere una percepción del mundo, y al mismo tiempo, se convence de su sinsentido, se compadece, corre en su ayuda, sucumbe por momentos. No supera el dolor que lleva consigo. Aunque el hombre, por sí solo, puede enriquecerse a través del sufrimiento.

Hay pocas cosas en las que aún creo y a partir de las tres de la mañana el futuro se reduce a las proporciones angustiosas de un túnel en el que se entra mugiendo el dolor antiguo que no se consigue sanar, antiguo como la muerte que hace crecer dentro de nosotros, desde la infancia, su musgo pegajoso de fiebre, invitándonos a la inacción de los moribundos, pero existe también, ¿sabe?, esa claridad difusa, volátil, omnipresente, apasionada, común a los cuadros de Matisse y a las tardes de Lisboa, que como el polvo de África atraviesa las rendijas, las ventanas cerradas, los espacios blandos que separan unos botones de la camisa de otros, la pared porosa de los párpados y la textura de cristal asesinado del silencio,

Es sobre esa autoconversación, a través de un paisaje de referencias, en el que se propone la lectura de un mundo que constantemente le parece más ajeno. En la oscilación entre pasado y presente podemos observar las principales capas de recuerdo que lo componen y los escenarios que le aquejan. Ese sistema de regresiones proporcionan elementos necesarios para la conformación de una identidad. Buytendijk nos dice al respecto: El fenómeno puro del sentir revela al ser humano como siempre desarrollándose y siempre desarrollando su mundo.[2] Pero es por la constancia de las regresiones que afectan al desarrollo del ser. De esta forma el sentir proporciona al sujeto la experiencia de existir y su manifestación. En este caso es el pensarse por medio de la autoconversación. Y es en ese pensar que el personaje se posiciona del mundo, y al mismo tiempo, es afectado por éste.

Como podemos observar, su relación con el mundo se efectúa en dos sentidos. En el primero sucumbe ante el mundo por medio de su enfrentamiento y su intento de identificarse con él en el presente. En el segundo se distancia del mundo en una afirmación de su ser, dirigido por las escenas que vivió en la guerra. Mientras que la adaptación al entorno (común, como de cualquier hombre: familia, empleo, vida social, etc.) le impide su desarrollo y le conlleva a sucumbir en el recuerdo.

Por tanto, su distanciamiento del mundo se manifiesta de forma reflexiva, y como podemos observar a lo largo de la novela, no tiende a distanciarse de él. Pese a que el personaje se capta a sí mismo, con un dolor instalado por algo que ya no es. Vemos que el personaje lleva a un replegamiento sobre sí, y se aísla en sus pensamientos de todo lo que no está en relación con el recuerdo y dolor. Dicha actitud es vista como una patología que lleva al egoísmo o al egocentrismo, como una proyección de dolor circular.

No olvidemos que la personalidad humana se forja, tanto del choque con los demás seres, como consigo mismo, y el padecer dolor es una parte intrínseca del ser humano. Miguel de Unamuno En el sentimiento trágico de la vida nos dice: El dolor es el camino de la conciencia y es por él cómo los seres vivos llegan a tener conciencia de sí. Tener conciencia de sí mismo, tener personalidad, es saber y sentirse distinto de los demás seres: al sentir esta distinción se llega por el choque; por el dolor más o menos grande, por la sensación del propio límite. La conciencia de sí mismo no es sino la conciencia de la propia limitación. Me siento yo mismo al sentirme que no soy los demás; saber y sentir hasta donde soy es saber donde acabo de ser, desde donde no soy.[3]

Ramón Peralta (México, 1972). Poeta y ensayista. Es director de Ediciones Invisible y codirector de la revista de poesía Oráculo. Tiene publicados los poemarios: Diáfanas espigas (FETA, 2003) y Fotosíntesis (Ediciones Invisible, 2006). Ha sido traducido al francés y al portugués. Ahora dice que construye una novela.



[1] El libro salió en Portugal en el año de 1979; en España, con la traducción de Mario Merlino fue publicado por la editorial Siruela en 2001.

[2] Buytendijk, Fredrich, El dolor: fenomenología, psicología y metafísica, en Revista de Occidente, Madrid, España, 1958, pp. 35-42.

[3] Unamuno, Miguel, El sentimiento trágico de la vida, Aguilar, España, 1963, p.132.


REGRESAR

Rocío Cerón

Poesía e interdisciplina


A.

Yo es otro, decía Rimbaud. Ese Otro que se ejerce desde la poesía en el momento en que el poeta genera una experiencia de identidad al hacer su otredad. Ese que no soy yo permite conocerme para crear un yo, se diría. Si la poesía es el desbordamiento espontáneo de poderosos sentimientos, según William Wordsworth, esa secreción verbal llamada poesía que se gesta a través del lenguaje ¿debe tener como último fin la página? ¿Ese desbordamiento de emociones, inteligencia, sonoridad, debe remitirse sólo al libro? ¿Dónde encuentra frontera la palabra? ¿En la autocensura del poeta? Me refiero a la censura del propio autor cuando se le abre la posibilidad de experimentación con otras artes. A partir de la modernidad, la poesía comenzó a desenvolverse en relación, y en conjunción, con otras disciplinas artísticas. Lo que le abrió a la poesía una distinta relación con sus escuchas o lectores. Una palabra, un poema que se entreteje en un hilado multisignificante donde los ropajes con los que es cubierto, desnudado, revestido, es un cuerpo, el cuerpo de los lenguajes unidos en una obra que va más allá del propio poema en sí mismo. Y, sin embargo, el nódulo está constituido por la palabra. Dentro del verso, hay desnudez, hay una red simbólica que se rebela y resiste. Ese es el profundo poder de la palabra, su presencia ineludible.

B.

Cuando pensamos en lectores de poesía nos remitimos a la idea de su escasez. Falso razonamiento. Si bien es verdad que las estadísticas de venta de libros de poesía en México son bajas y la afluencia de público en las lecturas es igualmente escasa, creo firmemente en que hay, sí, lectores de poesía y otros tantos potenciales escuchas o lectores. La falta de lectores de poesía no es sólo una cuestión de política educativa. A través de los años me he preguntado cuál o cuáles son las razones de ello. Una cuestión fundamental es cómo nos acercamos los poetas a esos posibles lectores o escuchas de poesía.

A finales del 2002, Carla Faesler y yo fundamos un colectivo llamado MotínPoeta, cuya principal característica fue y es la de generar proyectos que tengan como punto de partida y detonante a la poesía en relación con otras artes para tratar de crear distintas vías de experimentación entre la poesía y otras disciplinas. Lo que buscamos son oportunidades de experimentación. Experimentación de la palabra con otras artes. Ejercicios para traspasar la frontera del poema en la página para llevarlo a otros accesos. Poemas redimensionados desde el diálogo que encarnan con otros lenguajes como la música o las artes visuales.

La interdisciplina es una forma de experimentación del universo, en la cual las fronteras de los medios son desestructuradas y reconstruidas a partir del encuentro o el choque de los discursos. Es la creación de un paisaje complejo en donde a partir de la interacción de los distintos lenguajes creativos se genera una red de relaciones dinámicas en la cual se crea un objeto de arte en donde todas sus partes son fundamentales y necesarias. Entidad que no es perdida de discursos sino discurso integrador. La materialidad y los bordes del poema se amplían y se abren los significados de la poesía. Ampliación de visiones en la que se dejan de lado los elementos puristas para alimentar el discurso creador colectivo.

Así lo intentamos realizar en el primer ejercicio de MotínPoeta con el CD “Urbe Probeta”, presentado en 2004, un proyecto que reunió la música electrónica con la poesía. Catorce poetas y doce músicos en donde el factor unificador fue la ciudad de México. Cada poeta entregó un poema sobre una experiencia urbana y cada músico seleccionó su poema. El resultado fue un compilado de tesituras, música y voz en un experimental encuentro entre música, poesía y metrópolis. Y aunque sabemos que la relación entre música y poesía no es novedosa, quizá lo que resultó de interés fue escuchar cómo participaban el lounge, el downtempo o el minimalismo de la electrónica con la poesía mexicana contemporánea. La entrega de la poesía a partir de este CD tuvo como resultado una respuesta de más de 1000 personas en la presentación en el Museo Rufino Tamayo así como un interés del público –no necesariamente especializado o lector de poesía– por este tipo de delivery poético. Aunque algunas críticas lo afirmaron, la poesía en este tipo de ejercicios interdisciplinarios no se “ensucia” o “frivoliza” sino que integra una propuesta que rompe territorios para crear una nueva zona de encuentro.

C.

Ahora bien, la interdisciplina no es algo nuevo, (como concepto sí) ya en la antigüedad hay un ejemplo de la concepción plástica de la poesía: los muros de la Alhambra podrían ser los antecesores del ejercicio de la poesía visual contemporánea. En ellos coexisten la integración del poema caligráfico, su disposición en el plano y la escultura dentro del espacio arquitectónico. Podríamos remontarnos hasta los griegos y los romanos para observar que siempre ha habido una parte lúdica y en diálogo de la poesía con otras artes.

Desde el caligrama moderno de Apollinaire (que provienen de los “carmina figurata”), el dadaísmo, el cubismo y otros tantos “ismos” han supuesto, en el siglo XX, un esfuerzo abierto por romper las fronteras entre los géneros y las artes para ir hacia lugares de confluencia. Se podría decir que si el absoluto es una de las búsquedas fundamentales del arte no es sino por medio de lo relativo que se llega a él. Y esas relatividades, en función de la interdisciplina, no son más que los lenguajes artísticos que se unifican-complementan-redimensionan-resignifican en la obra final donde se han conjugado.

Si ya las vanguardias latinoamericanas habían abierto el espectro de la poesía experimental abriendo las fronteras de la poesía (piénsese en la poesía concreta brasileña establecida en 1956, en las Constelaciones del poeta suizo boliviano Eugen Gomringer o el Concretismo Noigandres de Haroldo y Augusto de Campos) desde la década de los 60 del siglo XX en nuestro país la experimentación se ha venido dando en campos como la poesía visual, la poesía sonora, los poemas objetuales en diversos ejercicios de experimentación. Uno de los grandes promotores de la interdisciplina en nuestro país, Mathias Goeritz (quien ideó el museo experimental de El Eco en 1953) creó algunos juegos sonoros con sus poemas concretos como el escrito en 1965: “¡oh! hipo pota mo mío. Mi h ipop o t a m o, ¡oh! t´amo”. Y también jugó con la poesía visual como lo hizo al colocar el poema “Pocos cocodrilos locos” en los muros de un restaurante Vip´s en la calle de Niza en la Zona Rosa, en donde experimentó con los tamaños de las letras, las mayúsculas, minúsculas y hasta faltas de ortografía en el texto. Desgraciadamente este poema visual en el muro vio su fin al derrumbarse el edificio en el sismo del 85. Otro emblemático artista-escritor fue Ulises Carrión quien realizó las piezas sonoras The Poets Tongue en 1977 en donde hay una profunda búsqueda por el lenguaje y su sonoridad. Y en sus Textos y poemas, publicados en parte en Plural, (des)construcciones poéticas las llamó Paz, en donde tomó una de las estrofas de las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique, para ir realizando una desaparición verbal y creando una aparición de signos que cargaron al poema de un nuevo sentido.

Dentro de la experimentación de la poesía visual podríamos recordar los poemas de Alfonso D´Aquino en su libro Tanagra que conjugan concepto y visualidad en sus poemas sobre la lluvia (y que me recuerdan los juegos espaciales del poeta argentino Leónidas Lamborghini en su libro carroña última forma) o las experimentaciones que se han hecho en el marco de las artes visuales y la poesía, las más numerosas en nuestro país, cuyo ejemplo son las colaboraciones de Vicente Rojo con Octavio Paz, Arnaldo Coen y Francisco Hernández, Francisco Toledo y Elisa Ramírez, entre otros muchos creadores que han encontrado en el libro objeto o el libro a dos manos, igual que en las carpetas de grabados y poemas, un territorio de creación.

Sin embargo, la interdisciplina que nos interesa, en MotínPoeta, es otra. Creemos en el verdadero espíritu de la interdisciplina, en el cual se funden lenguajes distintos para crear un tercer objeto, un nuevo vehículo de arte, creación y comunicabilidad.

Por otra parte, la poesía sonora, ese ejercicio de experimentación fonoverbal, ha tenido poca presencia en México. Es hasta la década de los 80 cuando realmente la interdisciplina comienza a dar frutos, aunque cabe resaltar que ha habido más arte sonoro que poesía sonora o experimental. Algunos creadores mexicanos que han trabajado con la poesía y la música son Carmen Leñero quien ha grabado distintos discos con poemas suyos o de otros autores como Fabio Morábito. Caben destacar las piezas que hicieron el grupo Música de Cámara (Juan José Díaz Infante, Ángel Cosmos, Arturo Márquez) y algunas acciones performáticas realizadas, ya en los noventa, dentro del marco de los Festivales de Performance realizados en X´Teresa, como las de Armando Sarignana (director también de un espacio interdisciplinario interesantísimo en los noventa: Caja Dos), Guillermo Gómez Peña con sus performances poéticos en spanglish donde conjuntaba la poesía, la acción y la visualidad, Katia Tirado y un ejercicio de performance-poesía sonora realizado por mí: “Parto de voz: Una experiencia de voz en reverso”. Algunos compositores que han trabajado con voz y literatura son también Antonio Fernández Ros, Alejandra Hernández y Manuel Rocha.

Cabe aclarar que son pocos los poetas que se han acercado y experimentado con la poesía sonora, este ejercicio ha sido más una búsqueda de creadores de otras disciplinas ajenas a la poesía. Y aún hasta nuestros días hay una gran apatía y desconfianza por parte de muchos de los poetas por entablar diálogo con otras artes o soportes. ¿Es entonces la censura el gran mal de nuestro tiempo para crear este tipo de experimentaciones? Me temo que sí.

D.

El mundo contemporáneo es el mundo de las paradojas. Por un lado la especialización es idealizada por las economías capitalistas que prefieren el control total con la excusa de la perfección de los oficios que no es otra cosa que hacer de la especialización una vía para un mayor ingreso monetario. Es la idolatría al ego, a la personalidad. Por otro lado, la fragmentariedad del mundo en el que vivimos empuja a la lectura de los intersticios, de los márgenes. La pedacería de los discursos para crear una lectura de un mundo despedazado. Lo relativo para llegar al absoluto. Y es aquí, creo yo, donde se gesta la interdisciplina: en la crisis, en la decadencia de los discursos imperantes.

La interdisciplina permite un delivery de la poesía donde cada fragmento reunificado —es decir cada lenguaje— permite al escucha-lector-espectador recorridos aleatorios con correspondencias y vías de circulación, ventilación y conexiones —insisto— dinámicas. Es una forma de transgresión-resistencia de lo institucionalizado. Al romper las fronteras de la palabra (de la página, del libro como últimos reductos de la poesía o como medio final) el poeta no demerita su obra. En gran medida se vuelve una entidad que interviene e interfiere en el espacio social desde otro punto que no es sólo la página. La poesía, entonces, se abre al establecimiento de vínculos múltiples y variables, abre una puerta más para entregarse a su posible lector anónimo. Si “el único sistema favorable al arte es la revolución permanente”, según Dubuffet, la expansión de diálogo entre la poesía y las artes podría producir una auténtica revolución discursiva dentro de la escena creativa contemporánea.

MotínPoeta sigue apostando por estas ideas, en 2006 verá la luz un nuevo proyecto generado por el colectivo: un CD que implica el trabajo interdisciplinario de 10 poetas de distintas generaciones y 10 compositores de música contemporánea y de arte sonoro. Una obra que surge a partir de la idea de “crear-recrear” una suerte de currículum vitae de un individuo. Desde la conciencia de estar vivo (con un poema de Myriam Moscona), el descubrimiento de la palabra, la infancia, el deseo sexual, el suicidio, hasta la decadencia escatológica (con un poema de Gerardo Deníz).

E.

La poesía no dejará de ser siempre palabra. No lo olvido ni intentaría que se olvide esto. Sin embargo, creo firmemente que sus formas de entrega, sus múltiples deliverys (con la acepción que esta palabra significa en inglés) pueden tener otras formas, otras estructuras que permitan el acercamiento o el ingreso de los “no iniciados” a la poesía. Como creadores somos igualmente responsables de generar vías o lazos de integración con el posible lector de poesía, más allá del lazo natural del poema en sí mismo con el lector. En el marco de los días que corren, los poetas contemporáneos no podemos dejar de lado el movimiento del mundo. Hay que desprenderse de los prejuicios para entender que el diálogo con otras disciplinas puede ser una vía de acercamiento de mayor flexibilidad con los lectores o escuchas. El poema, en la interdisciplina, no se reduce o se vuelve amenidad, abre sus fronteras de significado, explora un nuevo cuerpo en cuyo eje la palabra potencializa al objeto último. El cuerpo de los lenguajes unidos es un ente vital donde los territorios se vuelven movedizos, donde hay creación de nuevos habitares. La poesía, entonces, no pierde, se vuelve multisignificante, detona una diversidad de vectores y potencias, donde su propia presencia ineludible es una refrescante aproximación hacia el Otro.